Yo amo a Keno

Nueva versión! Una muchacha que decide cobrar venganza en el arco... Un muchacho que conquistará y destruirá almas. Pero hay que hacerlo desaparecer. ¿Cómo? ¿Por qué? Es cosa de leer no más ^^.

Thursday, May 17, 2007

I. Introducción a la historia de Felipe Eugenio

Se miraba fijo al espejo sin emitir comentario. Hace un par de semanas le había vuelto la dermatitis. Luego una crisis depresiva. Después, las pastillas. Y ahora para ver qué se sentía ser mujer en cuerpo de hombre, hice algo que sólo los que aman y odian intensa y constantemente podrían llegar a hacer en algún momento de sus vidas. Me llamo Pamela, pero suelen decirme Pame. Estoy a punto de cumplir 18 años, aunque no sea gran cosa. Quisiera volver a ser niña, cuando manipulaba los días a mi antojo. Ahora estoy condenada a la crisis vocacional y a mi inmadurez con olor a leche (me gusta chocolatada, gracias). Sólo me quejo de no haber tenido un padre que me enseñara a ver a los hombres con otros ojos. Mi vida dejó de ser una rutina desde que mandé a la mierda toda posibilidad de volver a enamorarme. Así que creé un estatuto nuevo en mi constitución orgánica amorosa, que impide volver a dejarme llevar por los atributos de la testosterona. Y eso que soy pésima cumpliendo promesas, porque se me van de las manos y coartan mi libertad. Por un momento creí que sería hombre para siempre, porque Keno me tragó. Pero alguien logró amar a Keno. O mejor dicho: alguien amó a quien estuvo detrás de Keno. Y así fue como murió. De la forma más trágica y hermosa. He aquí la historia.
Todo comenzó cuando terminé con Él. Fue costoso juntarse en el metro Las Rejas y armarse de paciencia para el final. Después de moquear gracias a una llamada que anunciaba que me habían dejado de querer, le había dado tiempo. Pero sentía tanta rabia que al final terminé mandando todo a la soberana mierda. Mi Padrino fue uno de los pocos que me consolaron, además de mis amigas y mi mamá, siempre atenta a la lágrima que rueda por nada. Y no valía la pena: era sólo un pelafustán que prefirió tragar la carne antes de saborearla. Bruto. Califa. La culpa en parte era mía: soy un ser tan explosivo, jodido y maricón, que si llegaba a cruzarme con el le sacaría la chucha y lo dejaría sin potestad de padre.
Pero no fue así.
Nos juntamos. Verlo otra vez… fue cosa de segundos que la rabia subiera por mi cuerpo, y se quedara como volcán con la lava atorada. Sus ojos tiernos se transformaron en cuencas infernales. Todo cambió en un segundo. A lo mejor ahora me encontrará horrible, cual esperpento de Halloween. Ahora era el odio y la frustración contenida. Siete meses…
- Hola… ¿y bien?- tuve que partir, sin hacer gestos ni besos.
- Hagámosla corta- se notaba bien choreado. Así que me dieron ganas de obedecerlo por última vez.
- La verdad es que esto era innecesario. No tenemos nada más de que hablar.
- No quiero que sufras por esto…
- ¿Sufrir? Esto se veía venir. Yo ya la sufrí. Ahora me toca ser libre. Ser feliz. Y tú también.
- No te entiendo, Pamela. Si no me hubierai dejado botado por tus amigos…
- ¿Perdón? Está bien, asumo que tuve un problema de prioridades. Pero tú te “vengaste”- hice el gesto de las comillas-. Así que no me vengas con huevadas. Un pololo no cobra venganza.
- Pero igual me hiciste daño, ¿cachai?
- Una no es ninguna. No necesito tus celos, tu egoísmo. Fueron meses de incertidumbre. Nosotros hablábamos las cosas y todo bien. Pero me ocultaste la verdad.
- ¿Sabí qué, Pamela?- ahora su tono era más duro-. Yo te amaba. Pero ahora por ti no siento más que odio.
- No me interesa- tragué saliva y pestañeaba más rápido de lo normal-. Yo también te amaba. Lástima que no te dieras cuenta a tiempo.
- Pero que te quede claro que el que terminó fui…
- ¡Metete tu orgullo donde mejor te quepa!- me calenté. No quería seguir con esto-. Si quieres hacer de Superman con tus amigas pokemonas, eres libre. Total, si lo que querías era fornicar a lo bestia, ahora estás libre. Conmigo no te metas.

Media vuelta. Sentí el impulso de besarlo. Pero mis labios estaban secos y agrietados. Sus palabras me golpearon, subrayadas con pólvora y su boca pintada de ácido. No quise mirar hacia atrás. No quise verlo por última vez. No quise nada más. A medida que iba avanzando, el suelo se iba abriendo. El magma de la soledad y el olvido me absorbieron hasta el punto de fundirme. Las lágrimas se evaporaron con el calor. Y yo lo amaba. Y ya no. El dolor había desaparecido.
Pero no sería la última vez que lo vería…

***********

Una semana después de terminar mi relación de casi 7 meses, me di un respiro y volqué mi amor hacia mis amigos. Mis eternos amigos, los que nunca se olvidan de ti. Un viernes por la tarde fui a ver a mi grupo de machos eternos a su colegio. Estaba muy contenta: hace tiempo que no los veía. Afuera, en la entrada principal, casi en plena Alameda, Mattuxxx, Kojure, Totoro y Jean estaban conversando animadamente. Amé verlos y abrazar a cada uno, como siempre cuando los veía.
- ¡Pame! ¿Qué contai?- Mattuxxx y sus preguntas de rutina.
- Emmm… nada. La soltería me ha hecho muy bien.
- ¡¿Terminaste?!- preguntaron a coro.
- Se podría decir que sí… pero todo bien. De hecho, creo que adelgacé como 70 kilos y siento más ligera la espalda…

Aunque había algo en mi persona que no concordaba con mis palabras. ¿Realmente era feliz? Los chiquillos echaban tallas y yo me reía con la carcajada de la teatralidad deprimente. Fue entonces cuando Kojure, el de los ojos hermosos y matemático de corazón, emitió una información noticiosa de carácter deportiva.
- ¿Saben qué? ¿Por qué no vamos a ver el partido de fútbol entre el colegio y los gallos del colegio de Maipú?
- ¡Yaaaa!- exclamé, teatral-. Bacán, yo voy. Además quiero conocer el…
Y justo llegó la Poka, la polola de Totoro. No sé por qué me dio como rabieta generalizada. ¿Será un tormento de soltera quebrantada que expone su pasado. Fui partícipe y testigo presencial de su proceso amoroso. Y más encima fui la mala de la película (tono llorón). Pues bien, vamos tragando saliva, rabia y frustración otra vez. Como buena niña desvié el tema, agarré un brazo al azar y estaba dispuesta a entrar al colegio a recrear la vista.
- ¡Koju! Ups, ¿me puedes llevar al partido famoso?
Entramos todos, la patota amistosa, al gimnasio donde se realizaba el Campeonato. Mientras Kojure y Jean me hablaban del desarrollo de dicho acontecimiento, vi a algunos jugadores con camisetas amarillo pato. Y de entre aquel conjunto futbolero, un ariete de piel morena, tillas core, con un lunar en la mejilla y pelo casi largo se asomaba con aires de galán falsete, pensando con la punta (esa misma) y mirando con el acecho del lince. Era Él, mi ex.
- ¡Pame! ¿Te pasa algo? Estás pálida…
- Nada, Kojure, nada… Nada.
La desesperación me desbordó. Quería llorar, sacarle la chucha y teñir de rojo su camiseta amarillo semáforo. Pero algo distorsionó mis sistemas, al mismo tiempo que Totoro, de la mano con la Poka, apuntó a un chico moreno, flaco y con frenillos.
- ¡Sánchez! ¡Ven po!
Era el arquero de la Selección del colegio. Empezó a hablar con un tono bastante bajoneado, como si se tratara de una lesión a nivel verbal.
- ¡No quiero jugar! No le pego al arco. Le dije al pendejo maricón del Capitán que me dejara pal volante, pero no me pescó…
- Ay, no seai maraco, tení que jugar no más. O buscar reemplazo.

La última frase de Mattuxxx fueron claras para mí. Siempre mirando a mi ex y craneando al mismo tiempo, agarré a Sánchez del brazo y le dije:
- Cariño mío… ¿Me indicas donde está el baño? Por fa, que quiero ir al baño hace rato y tengo que tomarme una pastillita.
- ¡Uy! La Pame te está joteando- intervinieron todos.
- ¡Jódanse! Vuelvo enseguida…

Fuimos a buscar el dichoso baño. Por alguna extraña razón me puse nerviosa. Sentía que iba a hacer una de esas maldades memorables. Pero no. No podía rendirme ahora. Tenía que terminar lo que había empezado. O mejor dicho, vengarme. Así que le hice a Sánchez una propuesta bastante indecente…
- Dime una cosa, cariño. ¿Te gustaría tener un reemplazo para el juego de hoy?
- ¿Estás loca?- me quedó mirando con ojos entre sorpresa y asco-. No me digas que tú…
- Sí, cariño. Quiero entrar al juego. Préstame tu equipo y nos la arreglaremos. Déjamelo todo a mí, cariño. Tú no te preocupes.
- Pero si se va a cachar de una que eres mina. ¿Cómo lo harás?
- Simple, cariño. Sólo indícame un baño, cámbiate y de ahí conversamos.
- ¡Bah! Qué simple… Seguro que vai a esconder todo ese pelo que tienes en la cabeza po…

Y justo. Me acordé de “Rainbow”, que se encontraba en mi mochila. Quién lo diría. Los partos a veces son difíciles. Pero esto era peor. Keno estaba por nacer.

2 Comments:

At 3:14 PM , Anonymous Anonymous said...

a mi nunca me a gustao el futbol :P

 
At 12:12 PM , Blogger Pauli said...

=O

Que lindo lo que escribiste.

Muy buen blog (y)

Visítame.

Saludos.

 

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